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LA CULPA ES DE D.I.S.N.E.I. (Papel)
Una comedia romántica fresca y divertida tan real como la vida misma.

SINOPSIS: 

La culpa es de D.I.S.N.E.I. es una novela protagonizada por Blanca y sus cuatro amigas Clara, Ave, Pam y Lucía. Entre ellas existe una estrecha relación, donde las confidencias, la lealtad y la sinceridad rigen sus vidas. Entradas en la treintena y afianzadas laboralmente, todas, excepto Clara que está felizmente casada, ansían encontrar ese amor que las haga sentir especiales. Pero, ¿cuáles son las claves para entender a los hombres? Debido a un accidente de una profesora, Blanca conoce a Fuentes, que llega para cubrir la baja vacante, al instituto donde ella imparte clases. Un flechazo acertado, hará que la protagonista se enamore perdidamente de su apuesto y fornido compañero. Ambos tienen algo más que una relación estrictamente laboral, pese a las sospechas que Blanca tiene acerca de él y de su pasado. La culpa es de D.I.S.N.E.I. es una novela escrita con grandes toques de humor, con mensajes positivos, y, como la vida misma, con un poco de misterio.

 

FICHA TÉCNICA:

  • Tapa blanda: 214 páginas
  • Editor: Createspace Independent Publishing Platform; Edición: 1 (9 de julio de 2015)
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 1514818337
  • ISBN-13: 978-1514818336





IMÁGENES
OPINIONES de los lectores La culpa es de D.I.S.N.E.I.
15/12/2015
PRESENTACIÓN de La culpa es de D.I.S.N.E.I. en Biblioteca Salvador García Aguilar
21/10/2015
PREMIOS
15/12/2015
FAN ARTS La culpa es de D.I.S.N.E.I.
15/12/2015


Lee el primer capítulo

1

 Cuando miro hacia atrás, me da vértigo. No es que ahora esté muy arriba, pero es que antes, estaba muy abajo. Y no estaba sola, mis locas amigas me acompañaban en el camino. Para echarnos de comer aparte. Pero como todo en la vida, las cosas tienen su tiempo, su espacio y su modo de ocurrir.

Hoy he quedado con Pamela, una de las chicas. Ave, Clara y Lucía no pueden acudir a la cita. Casi siempre quedamos en la misma cafetería, nos encantan las vistas que tiene, y sobre todo, que sepan lo que queremos tomar. Sí, esa soy yo, la mujer más práctica del mundo, pero nadie me puede negar lo cómodo que es llegar a un local, y con tan sólo saludar al personal, al que llamo por su nombre, poder centrarte en un único objetivo, buscar la mejor mesa con las mejores vistas. Y es que adoramos ese atardecer, esos frondosos árboles, esas selváticas palmeras, esos hombros pegados a una enorme y perfecta espalda del tío con el polo negro de la penúltima mesa... Uf, cómo nos gusta este sitio.

Me quedan cinco minutos, y mato el tiempo dando color a mis agraciados labios, mientras suena en mi móvil la canción "Color of my lips” de Omi. Me recreo con mi carmín rojo de Chanel, pues estoy segura de que Pam (que es como nosotras la llamamos), para variar, llegará tarde; la puntualidad nunca fue su fuerte, cosa que me exaspera de una persona. Pero a las amigas se las quiere tal y como son, así que, me contoneo mientras hago mi ritual frente al espejo. << Mierda, me he salido del labio >> Normal, si no paro quieta. Rápidamente me echo a reír, pues la culpa no ha sido mía, ha sido de Omi. Una vez solucionado el rítmico accidente, me dispongo a salir, cuando me suena  el móvil. Es un whatsapp de Pam diciéndome que ya sale.

<< A buenas horas mangas verdes >> pienso al leerlo.

 Como si de una “peli” se tratase, ambas llegamos al mismo tiempo a nuestro local favorito. Hace un día precioso, y tras los saludos, decidimos sin dudarlo, salir a la terraza. En apenas unos segundos, Joan, nuestro camarero favorito, llega con sus contoneos hasta nosotras, con su repleta bandeja en la mano. << Un día de estos, la tira fijo >> No puedo reprimir una sonrisa al pensarlo. 

  • Aquí tenéis, chicas, los cafés y los vasos de agua bien fresquita.
  • Gracias perla – le responde Pam.
  • Gracias Joan – le murmuro yo, todavía con la sonrisa en la cara.
  • De nada mis niñas. Si queréis algo más, ya sabéis dónde estoy – nos dice mientras se gira para volver a la barra de dentro, con un estilo que ni la mismísima Cindy Crawford.

 Joan es un encanto. Es un chico de padres catalanes, más joven que nosotras, tendrá unos veinte y pocos años. Adora su trabajo, y sobre todo poder atender a los macizotes asiduos a la cafetería. Como él dice, “alguno caerá algún día”. 

  • Blanca lo que tengo que contarte hoy – me comenta mi amiga.
  • Soy toda oídos – le respondo mientras doy vueltas con la cucharilla a mi café y me embriago con su olor, sin duda, uno de los mejores del mundo.
  • ¿Recuerdas el último chico que conocí hace dos semanas?
  • ¿Cuál de ellos? – le pregunto levantando levemente los hombros.
  • El camionero.
  • ¿El morenazo de metro ochenta?
  • Ese mismo. Pues verás, por motivos de trabajo, él viene cada tres días, y apenas hemos podido vernos. Pero la tensión sexual que tenemos es muy grande, ya sabes cómo me ponen los morenos.
  • No me había dado cuenta – me mofo.
  • Qué pava – me dice mientras se ríe y me da un suave golpe en el brazo -. Bueno, te sigo contando. El caso es que anoche estuvimos hablando mucho tiempo. Y ya sabes cómo son estas cosas, la conversación fue a más, una cosa lleva a la otra, y…
  • ¿Y? – le pregunto al ver que no termina la frase.
  • Que acabamos haciendo sexo telefónico – me murmura simulando ponerse sonrojada, mientras se tapa la boca.
  • ¡Toma moreno!
  • Sí tomé, sí – me dice poniendo los ojos en blanco, y añade - Ay Blanca, no sabes cómo me puso. Tenía a las niñas acostadas, y allí estaba yo en mi dormitorio, jugueteando con el hombretón, bueno, con su voz. Cuánto saben estos hombres.
  • Sí saben, sí. Y sin entrar en detalles, ¿aguantó? – Las sonoras carcajadas hicieron que nos miraran los de las mesas contiguas.
  • Pues para mi desgracia no.
  • ¿Qué les das?
  • No sé si soy yo, o el ojo que tengo para elegirlos, pero el tema es que apenas empezaba yo, el señorito había acabado. 

Ambas reímos. Las sonoras carcajadas hicieron que nos miraran los de las mesas contiguas, pero como siempre, poco nos importaba. 

  • En serio Blanca, ya no sé qué hacer – me confiesa - Necesito un hombre que me dé lo que necesito, cariño, mimos, un bienestar, un buen sexo, que esté muy bueno, y ya puestos, que sea moreno, alto y con los ojos verdes.
  • Sí claro, y si fuese bibliotecaria, te diría que la sección de ciencia ficción está en la tercera planta. 

Volvemos a reírnos abiertamente, y esta vez, no nos miran. Como es habitual, cuando hay unas “locas” sin parar de carcajearse, acabas por ignorarlas. Adoro a mis amigas, y ellas a mí. Nuestras ganas de vivir nos las contagiamos las unas a las otras, lo cual venero. Siempre estamos contándonos nuestras historias con humor y positividad. Pero lo cierto y verdad, es que todas queremos lo mismo: ese hombre perfecto al que admirar y respetar. En mis sueños imagino a un hombre alto, castaño, de ojos azules, con espalda ancha y brazos fornidos. Un hombre que me trate como a una princesa, que sea educado, con buena presencia, que me haga reír, que sea cariñoso y buen amante. Vamos lo que viene siendo un HOMBRE. O más bien un ALIEN, porque a no ser que lo lea en un libro o lo vea en una película, por la calle, a día de hoy, no lo he visto. Y mis amigas tampoco. 

Clara es la única del grupo que está casada, ella nos da consejos y opiniones, que como casi siempre, ignoramos. Lucía, como yo, está soltera, pero ella tiene un amigo especial; no quiere que le llamemos “novio”, nos lo tiene prohibido. Avelina, Ave para nosotras, es divorciada y con un niño. Pam también se divorció hace tres años y tiene dos niñas. Ambas son verdaderas supervivientes, criando solas a sus respectivos hijos y trabajando para sacarlos adelante. En realidad todas somos luchadoras, cada una en su batalla particular, pero gladiadoras que combaten juntas cuando las contingencias nos miran de frente. 

Pam y yo seguimos hablando de nuestras historias. Le cuento la conversación que tuve con el guapo de mi vecino el otro día. El chico está de pan y moja, pero es más tonto que mandarlo a hacer, es lo que yo normalmente llamo un “Viceverso”, chicos que dedican el 90% del tiempo a cuidar su cuerpo, porque el otro 10% lo gastan en mirarse al espejo. 

  • Pero están muy buenos Blanca, - me dice la ultra-defensora de los hombres impecables - son hombres de revista.
  • En eso tienes razón, sirven para posar y estar en silencio – le respondo 

Nuevamente en la terraza se hacen sonar las carcajadas, que son interrumpidas por la llegada de Joan. 

  • Contarme ahora mismo a qué viene tanto cachondeo, que me tenéis en ascuas.
  • Lo tuyo es puro marujeo Joan – se mofa Pam que no puede parar de reír.
  • Chicas, ya sabéis que lo mío es obtener sabiduría. Venga decidme de qué buen mozo estabais hablando.
  • De mi vecino Mario, un tío increíblemente guapo, a la par que tonto - le informo, aún a sabiendas de que querrá saber más - No es para ti, mi amor.
  • Ya me estás enseñando una foto – me requiere ofreciéndome la palma de la mano.
  • ¿Para qué quieres verlo, si no merece la pena? – le pregunto mientras agarro el móvil.
  • Niña, ya sabes cómo es mi pasión por la cultura, y un adonis no me lo pierdo por nada del mundo. 

Busco la foto del perfil de whatsapp de Mario, y se la enseño. 

  • ¡Virgen del Pompillo y de la teta al hombro! – suelta Joan al verla, con los ojos abiertos como platos - ¡Qué hermosura de hombre, y yo con estos pelos!
  • Tú estás muy guapo, pero él es muy tonto, así que olvídate – le respondo afablemente.
  • Blanca no le digas eso – me riñe cariñosamente Pam – que se está culturizando. 

Esta vez somos los tres los que reímos abiertamente. ¡Todo sea por la cultura y el arte! 

El móvil de Pam y el mío suenan a la vez, Joan me lo devuelve; sin duda es un mensaje del Grupo de las chicas. Es Clara, nos pide que vayamos a su casa esta misma noche a las diez, tiene algo muy importante que decirnos, y nos ruega que vayamos todas. Pam y yo nos miramos, y acto seguido contestamos a nuestra amiga:

Allí estaremos”.






García de Saura

Autora Novela Romántica





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